Cuando la voz que escuchaba en silencio empezó a hablarme claro

 

 Leer los primeros dos capítulos de Conversaciones con Dios fue como encontrarme con alguien que ya conocía, pero que nunca había hablado tan directo. No fue una lectura, fue un espejo. Me vi en el autor, en sus preguntas, en sus crisis, en esa necesidad de entender lo que duele, lo que confunde, lo que parece injusto. Me vi en esa conversación con Dios que tantas veces he tenido, aunque me enseñaron a temerle.

  Desde niña sentí que Dios no podía ser ese ser lejano que castiga. Siempre hubo algo dentro de mí que decía: “No, no puede ser así”. Y aunque por mucho tiempo callé esa intuición, nunca se apagó. En los momentos más duros, en las caídas, en los duelos, en las pérdidas, le hablé. Con miedo, con rabia, con ternura. Le pregunté cosas que no sabía si se podían preguntar. Y aun así, lo hice. Porque algo en mí sabía que Él no se alejaba por eso.

  Lo que ya conocía, lo que ya vivía, se confirmó en esas páginas. Que Dios no está afuera, que no juzga, que no castiga. Que está en mí, en cada gesto, en cada pensamiento, en cada emoción. Que lo que pienso y siento tiene fuerza, tiene impacto. Que mi forma de hablarme y de hablarle crea lo que vivo. Eso lo he sentido muchas veces, aunque no lo había leído así.

  Lo nuevo, lo que me movió por dentro, fue entender que incluso lo que duele tiene sentido. Que hay algo más profundo que el sufrimiento, algo que lo sostiene. Que no soy víctima de lo que pasa, sino parte de un proceso más grande. Eso me cuesta, pero también me alivia. Porque si todo tiene un propósito, entonces no estoy perdida. Entonces no estoy sola.

  También me tocó esa idea de que no somos de este mundo en el sentido literal. Yo lo he sentido muchas veces. Como si hubiese venido con una misión, con algo que entregar, aunque no siempre sepa qué es. Y este libro llegó justo en ese momento. No lo busqué, pero apareció. Y eso también lo agradezco.

Reconocer lo que ya sabía fue como volver a casa. Me hizo sentir validada, acompañada, entendida. Me recordó que no estoy loca por sentir lo que siento, por creer lo que creo.

Abrirme a lo nuevo fue como entrar en una habitación que no conocía. Me dio miedo, me incomodó, pero también me dio luz. Me mostró que hay más, que puedo mirar desde otro lugar, que puedo confiar en lo que no entiendo del todo.

  Este libro no me dio respuestas cerradas. Me dio compañía. Me dio palabras para lo que ya vivía. Y eso, para mí, es suficiente. (Conversaciones con Dios  (libro I) (Neale Donald Walsch).




Comentarios

  1. Cuando leí estas palabras me tocaron el alma........ Sentí que no la sacaste de una Inteligencia artificial........ Pues si tocaron mi alma porque salieron de tu corazón........ Y por qué sale donde tu propia alma............. Y lo importante en esta formación no es el certificado que vayas a obtener que ciertamente te va a servir para mostrarte a otros, a instituciones donde quieras trabajar......... Lo importante es la transformación que está ocurriendo dentro de ti........ Bendiciones

    ResponderBorrar
  2. Gracias por tus palabras y por sentir lo que quise transmitir. Lo que importa en esta formación no es el certificado, sino lo que realmente cambia dentro de ti. Esa transformación interna es lo que vale y lo que te acompañará mucho más allá de cualquier reconocimiento externo. Bendiciones para ti también.

    ResponderBorrar

Publicar un comentario

Entradas populares