“El inicio del camino”
“A veces, lo que más necesitamos no es una respuesta, sino una mirada nueva. Este ensayo nace de esa búsqueda.”
Hay momentos en la vida en los que buscamos respuestas fuera de nosotros. Nos aferramos a métodos, pasos, fórmulas. Como si el orden externo pudiera calmar el caos interno. Yo también lo hice. Y aunque encontré guía en esas instrucciones, lo que realmente me transformó fue lo que ocurrió entre línea y línea: el encuentro conmigo misma.
Contando lo que me pasó
Durante años conviví con la ansiedad como quien vive con una visita silenciosa. No siempre se mostraba, pero bastaba un cambio, una expectativa o una mirada para que se activara. En medio de ese vaivén emocional, decidí que no quería seguir sobreviviendo desde el miedo. Quería comprender, acompañar y transformar lo que sentía.
Fue entonces cuando me sumergí en libros que ofrecían métodos para “liberar la mente”. Santandreu me hablaba de filosofía racional. Maltz me invitaba a visualizar una nueva imagen interna. Goicoechea, Freud y Fattorello aportaban sus propias claves. Tomé notas, subrayé frases, organicé rutinas. Me convertí en mi propia alumna, siguiendo instrucciones con disciplina y esperanza.
Lo que no estaba en los libros
Y algo se movió. Pero no como lo esperaba.
Lo que comenzó como un proceso técnico se convirtió en un acto profundamente humano. No era solo cuestión de aplicar métodos, sino de escucharme con honestidad, de darle voz a lo que dolía, de permitirme sentir sin corregirme. Las instrucciones fueron útiles, sí, pero lo que realmente transformó mi experiencia fue la presencia, la palabra simbólica, la ternura con la que empecé a mirar mi historia.
Aprendí que no hay método que funcione si no hay alma detrás. Que los pasos pueden guiar, pero es la forma en que los habitamos lo que los vuelve verdaderamente transformadores. Y que la ansiedad, lejos de ser un enemigo, puede ser una maestra cuando se le acompaña sin juicio.
Todo siempre estuvo bien
Con el tiempo entendí que no se trataba de corregirme, sino de comprenderme. Que incluso en medio del caos, había algo en mí que sabía. Que todo siempre estuvo bien, aunque no lo pareciera. Porque cada paso, cada tropiezo, cada silencio, me estaba llevando hacia mí.
Caminando y caminando
Hoy, ese proceso forma parte de mi trabajo como coach de vida. No acompaño desde la corrección, sino desde la presencia. Cada sesión que ofrezco nace de esa experiencia vivida, de ese intento por seguir instrucciones que terminó enseñándome algo mucho más valioso: que lo humano no se resuelve, se acompaña.
Este blog es parte de ese camino. Un espacio donde comparto lo que aprendí, lo que sigo descubriendo, y lo que deseo que te acompañe a ti también. Caminando y caminando, sigo eligiendo mirar con ternura, nombrar con respeto y transformar con sentido.
Gracias por leerme.
Gracias por permitirte sentir.
Gracias por estar aquí.
“Que cada palabra sea abrazo, y cada lectura, un espejo amable.”
Yenny Luzardo
Educadora, escritora y coach de vida
Fundadora de @EsenciaVitalyenluz



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